Desde chica fui amante de la moda. Compraba como loca feliz cada vez que podía y me quedaba deslumbrada con las fashion bloggers o it girls del momento.
Pero también vivía frustrada con mi imagen, porque por más esfuerzos e inversión que hacía nunca me sentía realmente feliz con lo que veía al espejo, ya sabes, el síndrome del clóset lleno pero nada que ponerme.
Era tanta mi frustración de no entender: ¿si yo me compro esas prendas que veo en las fashion bloggers, grabo mentalmente cómo las combinan, sigo sus tips, guardo sus posts, ¿por qué yo no puedo verme y sentirme como la mujer increíble que creo que soy? Pensaba entonces que quizá simplemente solo algunas habían sido bendecidas con el don del hada del estilo. Lo que comprendí después es que no, que esas mujeres me mostraban algo lindo, simplemente una estética, pero no me enseñaban a hacer realidad lo que mi alma anhelaba para mí. Y que eso sí era posible para mí, y para todas: sin pócimas mágicas, sin hadas del estilo; con formación, autoconocimiento, compromiso y dedicación con una misma.